diría que suelo dejarme
las puertas abiertas
todas a la vez
para que entre el viento
y pegue portazos en el alma
entonces,
¿sería esto sano?
quién sabe esas cosas
al menos la casa andará siempre ventilada.
Un espejo tiene enfrentada una figura. La figura no es humana. Ya perdió esa propiedad.
Restos de cocaína dejan una perfecta línea vertical sobre un espejo, souvenir de la mismísima ciudad del amor. La Torre Eiffel inscrita en la tapa de otro espejo es testigo de la escena de un crimen pasional.
Tienes suerte-le dijo-podías estar ahí en una nevera con una etiqueta en el dedo del pie. Suerte, exclamó ella- nunca supe qué forma tenía. Aún siento el agua en mis zapatos.
En un extremo de la misma ciudad el frío quema el labio de un hombre. Este cura sus heridas con un cartón de vino. -La última gota- piensa mientras observa su labio en el espejo retrovisor de un Mercedes. Se me han mojado los cartones. Y este maldito coche los ha atropellado. Hoy es dormir sobre mojado-.
Al otro lado del baño, ella muerde sus delicadas uñas. -Tarda mucho-, piensa. Y a los diez minutos sale la figura. La besa en-la-mejilla. Teme ser descubierta. -Hay besos que duelen- emite entre bocados al tiempo que escupe un pellejo de piel muerta.
Historias, sucesos paralelos en lugares tan próximos como lejanos. Todos bajo un mismo techo. Como diría Claudio: nada está seguro bajo el cielo*.
Ceremonias y algunas orgías. Siempre un carrusel ambulante. El ser humano y sus soledades. Hasta cuándo. Hasta que quizá un día encontremos otras formas de comunicación.
T-r-a-s-p-a-s-a-r- las-fronteras-de-la-carne.
*Claudio Rodríguez
Me observa cavernosa
tu boca
el centro mismo de
Destapo
y las alas de cualquier pájaro que llega.
El eterno río me cruza siempre
desde el centro de mi sexo
hasta el órgano exacto.
Y me acuerdo de mi madre. Ella dijo
Hay un origen al que siempre retornamos
con o sin nosotras, las ratas del cielo
Que comen tanto del prójimo.
que esperan tanto de la carne.
Qué esperan tanto.
Será una huida.
Eso. Será eso.
La vida. La eterna huida de la muerte
corriendo siempre verticales
hacia un dónde y un quizás eternos
Dónde se escribió. Dónde.
Un día vuestras creaciones taradas
aplastarán cabezas, ramas, corazones
venas, cables, voces.
Huida
Progreso
Madre, progreso.
Y se llamarán accidentes los autocrímenes.
Memorias colectivas ahorcando tu cérvix.
Madre bestia, parda. Dulce
Devasta. Digo, devasta
ciudades enteras con silencio.
Y Adiós para comenzar.
Digo adiós para comprehender
Y silencio para donde siempre
hay un origen.
