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martes, 28 de diciembre de 2010

O-rigen.



Me observa cavernosa
tu boca
el centro mismo de la Tierra
Destapo
entonces la cabeza de aquel hombre
y las alas de cualquier pájaro que llega.

El eterno río me cruza siempre
desde el centro de mi sexo
hasta el órgano exacto.


Y me acuerdo de mi madre. Ella dijo
Hay un origen al que siempre retornamos
con o sin nosotras, las ratas del cielo
Que comen tanto del prójimo.
que esperan tanto de la carne.
Qué esperan tanto.

Será una huida.
Eso. Será eso.
La vida. La eterna huida de la muerte
corriendo siempre verticales
hacia un dónde y un quizás eternos

Dónde se escribió. Dónde.
Un día vuestras creaciones taradas
aplastarán cabezas, ramas, corazones
venas, cables, voces.
Huida
Progreso
Madre, progreso.

Y se llamarán accidentes los autocrímenes.
Memorias colectivas ahorcando tu cérvix.

Madre bestia, parda. Dulce
Devasta. Digo, devasta
ciudades enteras con silencio.

Y Adiós para comenzar.
Digo adiós para comprehender
Y silencio para donde siempre

hay un origen.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Oculta al abrigo de la maleza.




Mi boca besa

lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. (Claudio Rodríguez).




Hay un roce que se convierte en la misma piel

del cuerpo que emigra

Hay un nido en mis pulmones
que crece hacia dentro,
sus crías buscan comida
no encuentran gusano que las sacie
entonces me exigen,
con sus alas puntiagudas
y sus picos deformados por el hambre,
cuídanos
cuída a las huérfanas de aire
que ahora viven enterradas.

Y los gusanos mientras tanto, me piden compasión
déjanos en esta tierra, no nos lleves a los picos.
Aún no.

Me contraigo. Me contracto. Me contagio.